Siempre me gustaron muchos, pero desde que escuché las palabras del italiano quedé prendida a él. Esos labios, esos ojos, ese pelo, esa musicalidad, los gestos, la entonación, todo. Todo en su manera de ser, de hablar, de comer, de vivir, me vuelve loca. Y qué decir de su veneración hacia la mujer, sua mamma, moglie, sorella e tutte le donne del mondo. Al principio fue una relación muy tímida, nos veíamos una vez por semana. Me costaba comprenderlo, pero con solo escucharlo yo ya era feliz. Después fui venciendo mis temores y me entregué a él. No me importaba cometer estupideces o que se burlaran de mi, por él todo valía la pena. Algunas noches lo dejé entrar en mi cama. Y entonces me fui a conocer su tierra, su mundo, sus historias, sus paisajes. Si estaba enamorada, acá termine de perder la cabeza. Cada rincón de Italia me hizo sonreír, emocionarme y llorar. Pero como todo lo lindo dura poco, mi paso por la bota fue tan fugaz que me dejó un gusto amargo. Volví a la realid...